Hola, mi amor… Pensaba en lo delicioso que sería tenerte aquí, ahora mismo. Tu presencia es el lujo que mi cuerpo anhela desde hace tanto tiempo. Imagino tus labios rozando los míos con esa elegante picardía, tu tacto explorando cada centímetro de mi cuerpo como una obra de arte. Quiero hacerte gemir mi nombre entre suspiros ahogados, con la misma sofisticación con la que chocamos nuestras copas de champán. Hoy no quiero prisas… solo placer, de esos que te ponen la piel de gallina y te hacen perder la cabeza. ¿Me dejas saborearte?